IX, Óleo sobre lienzo, 61x46 cms, Maggie LP

“Hay 3 cosas que los niños pueden enseñar a los adultos: a estar siempre contentos sin un motivo aparente, a estar siempre ocupado en algo y a exigir con todas sus fuerzas algo.” Paulo Coelho

Llegó una tarde a mi vida. Tímida en un principio, esta niñita trajo consigo alegría y muchas enseñanzas.

Nilba, así se llama, tenía entonces 10 años, pero estaba muy pequeñita y flaquita, parecía mucho menor. Morena, con enormes ojos rasgados que brillaban con intensidad, cabello negro, liso, escaso y mal cortado que no opacaba para nada su linda y delicada carita. En este momento debe ser una jovencita hermosa. Me miró de pasada y continuó inmersa en su juego imaginario moviendo sus manos. El drama horrible de su situación no quedaba en su avanzada desnutrición. La policía que recibió la denuncia de la profesora la llevó a la Inspección, la psicóloga la entrevistó y llevó a que el médico legista diera su dictámen. Era cierto: nuevamente víctima de abuso y esta vez por su propio padre (la primera vez fue un vecino y ocurrió a sus cinco años). La trajeron de nuevo a la inspección donde se encontraba la madre, embarazada por cuarta vez. La niña comenzó a llorar y se lanzó sobre ella pidiendo perdón. La psicóloga se la llevó a la oficina mientras la inspectora hacía la diligencia de notificación porque  sería retirada de ese hogar y llevada a un lugar provisional hasta que Bienestar Familiar dispusiera su suerte.

Cuando la vi, llevaba tres días esperando que la ubicaran, mientras, se quedaba en casa de la comisaria que no la podía tener más porque debía viajar. Así que no se cómo, porque fue muy rápido, pero me ofrecí a recibirla en mi casa.

Esa tarde salí a hacer diligencias y regresé con una niña callada que me miraba con bastante ironía y una sonrisa incierta. Su actitud cambió cuando le presenté el cuarto donde estaría. Entró vacilante, como dudosa, se sentó en el borde de la cama y se quedó callada y mirando el piso y yo mirándola a ella. Le pedí permiso para abrir la bolsa donde estaban sus pertenencias y asintió con la cabeza. Entre lo que traía habían algunas prendas, unas muy grandes, otras muy chicas y su único calzado era un par de chanclas de baño viejas y también pequeñas. Eso era todo.

Acomodamos todo y fuimos a la cocina. Le ofrecí leche, pidió mas y ya se vió más confiada, tanto que me preguntó por la comida.. “ahhhhhh hambre!! Aquí la conquisto” y sí. Al sentarla con mi familia ya estaba sonriente aunque un poco distante de mi esposo e hijo. Ellos la trataron como si no supieran nada para que el ambiente fuera lo más normal posible.  Cuando comenzó a hablarme noté que no pronunciaba bien las palabras y hablaba como una niña pequeña, después me explicaron que se había estancado en sus cinco añitos, antes del primer trauma.

A partir de esa noche comenzó a comportarse como si viviera desde siempre allí y simplemente si no sabía algo, preguntaba. Se levantaba muy temprano, organizaba su cuarto y cuando todos nos despertábamos estaba viendo televisión y nada más verme, pedía su desayuno y se quejaba de tener mucha hambre. Si no salíamos, se inventaba juegos, miraba libros, veía algún programa y hablaba mucho.

Nuestros días transcurrían entre salidas, visitas al médico, la psicóloga, exámenes de laboratorio que la asustaban mucho y me pareció que la hacían sentir invadida. Para que olvidara eso la llevaba a comer helado y donde quiera que yo fuera, ella iba conmigo.

La gente es cruel y hubo ocasiones en que nos encontramos con vecinos suyos al ir al hospital por sus exámenes o citas y tranquilamente delante de ella decían que era una niña violada y la llamaban pobrecita. Mi único impulso era protegerla, alejarla o callarle la boca a los infames. Una vez me dijo: “No se ponga brava, ellos me conocen, qué me importa”.

Recuerdo el día en que pasamos frente a la terraza de una amiga que mecía su precioso bebé. La niña quiso tocarlo y la -no sé cómo llamarla- mujer ignorante y ridícula la miró con dureza y le prohibió tocarlo, luego me miró con una dulce sonrisa y dijo que yo si. Por supuesto no lo toqué, no lo mimé y me fui sin despedirme.  Nilba se burlaba de mi y me decía “Ojo…Ojo” mientras me apuntaba con su dedo índice como advirtiéndome. Yo no estoy segura de comprenderla por completo, pero agradecía su inocencia y esa capacidad de perdón, esa risa tan fácil….. la miraba y la miraba como repasándola y no había nada mal en ella: estaba correctamente vestida y hermosa con su peinado. No entiendo aún esa mezquindad.

Pasados 15 días me avisaron que ya había sido admitida en un hogar para niñas y que en poco tiempo la llevarían. No quería que se fuera. Y fue muy triste cuando me preguntó cuándo la llevaría al colegio. Nunca sucedería eso, pero estaba claro que jamás tendría una niñez en paz, ni mucho menos su juventud porque siempre habría alguien recordándole sus tristezas y aquello que evidentemente era innombrable para ella; siempre habría una persona ofendiéndola como si fuera culpable de lo que le sudeció.

Nilba llegó y se fue como un suspiro. Me dejó su alegría, su bondad, el rostro de niña donde no encajaban esos ojos de quien sabe más. Su capacidad de perdón y el placer de haber tenido aunque fuera por escasos días una niña como primavera en mi casa.

El día que la entregué, se fue un pedazo de mi y nada me dolió más que ver cómo enfrentaba su tristeza con rostro serio y aparente calma. La última vez que la vi, mientras me despedía abrazándola, tenía la misma expresión del día en que la conocí. Tal vez yo también la traicioné.

Tiempo después supe que el padre no es culpable, sino el padrastro y que vive con una tía en otra ciudad, asiste al colegio  y al parecer le hacen seguimiento psicológico. Ojalá un día vuelva a verla. Ojalá esté bien. Ojalá el pasado no la persiga y encuentre su felicidad.

DEJA TU COMENTARIO

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s