DE PALABRAS Y MUJERES – 2. La Travesía

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descarga (16)Escudriñando aquí y allá, haciendo memoria de viejas lecturas, reflexionando sobre la vida propia y de mujeres que conozco muy bien, me pregunto: ¿Qué nos pasa a todas? ¿Porqué insistimos en buscar un supuesto amor en quien menos nos conviene? ¿Por qué tanto abuso?

Bien, puede parecer cliché, pero en verdad quiero saber de dónde salió tan baja autoestima de género.

Y he descubierto que se debe a las palabras. Si, palabras que nos han sido repetidas por milenios y que nacen de tener que cargar con las miserias de Eva, es decir, desde que nació el patriarcado.

Habrá quien suelte una ligera sonrisa, incluso quien lea esto con benevolencia y hasta misericordia.

Es sencillo: a las mujeres se nos ha aplicado por milenios un entrenamiento sistemático que consiste en aprender a servir, a ser pacientes y dóciles, sobre todo a ubicarnos siempre bajo la tutela y dominio de algún hombre, sea padre, hermano, tio, abuelo y esposo.

Ellos por su parte están entrenados para protegernos, abastecernos y por consiguiente, corregirnos, guiarnos, “hacernos honestas” y aceptables socialmente, tanto así que la honra de un hombre se halla en sus hijas y su mujer.

Lo que Maureen Murdock llama la “profunda herida de lo femenino”, en realidad es tan profunda, que nos lleva a alejarnos de nuestra propia femineidad y desarrollar artes, trucos y prácticas que se vuelven cotidianas y aceptadas para poder encajar en el mundo patriarcal. Por ejemplo, la instrumentalización de la mujer en los medios, porque muchas se adaptaron y participan de ello prestándose al uso de su cuerpo.

Por supuesto hablo de la cultura occidental influenciada por el judeocristianismo, que aunque nace en oriente, ha sido adaptado para nosotros, sobreviviendo muchas prácticas. 

Hay un vacío que sentimos las mujeres de esta cultura, un vacío que nos hace sospechar que nuestra naturaleza femenina, se ha ido a algún lugar desconocido o está guardada. Nuestro objetivo inconsciente siempre será recuperar al yo psíquicamente sano y espiritualmente vivo. Maureen Murdock describe este proceso como un viaje mítico que, en parte, evoca al modelo de búsqueda heróica descrito por Joseph Campbell.

Se trata de esa búsqueda que emprendemos a partir de un momento en que paramos abruptamente, miramos a nuestro alrededor y nos cuestionamos sobre nuestros logros, nuestro propio bienestar, sopesamos cada instante de nuestras vidas y hacemos inventario a partir de nuestra propia satisfacción. Descubrimos que llevamos un vacío, que muchas cosas que queriamos para nuestra vida jamás ocurrieron y que parecemos estar en manos de otros, es entonces cuando decidimos dar un vuelco. Muchas lo hacemos conscientemente, en otras mujeres, simplemente se dan situaciones que favorecen su actuar.

Muchas de nosotras nos hemos esforzado por cumplir con todos los mandatos patriarcales: tener una carrera profesional, ser independientes económicamente, obtener el éxito en lo que realizamos, etc. etc. Y cuando llegamos a este lugar de logros y metas alcanzadas, nos preguntamos ¿Para qué sirve todo esto?

Tomamos conciencia de todo lo que hemos sacrificado de nuestras vidas por seguir estos modelos impuestos, sin escuchar nuestras propias necesidades femeninas, sin respetar nuestros ciclos, nuestra naturaleza intuitiva, nuestros instintos.  Para Murdock, hemos seguido un modelo que niega lo que en realidad somos.

Es entonces, al llegar a este momento de crisis (cambio), cuando decidimos abrazar nuevamente nuestra verdadera naturaleza, recuperando nuestro valor como mujeres y sanando la herida de lo femenino.

El viaje heróico de la mujer describe la búsqueda mítica que realiza toda mujer para sanar la profunda herida en su naturaleza femenina, una herida producida tanto a nivel personal como cultural o espiritual. Es un viaje a la vez psicológico y espiritual que tiene por meta integrar todas las partes de nuestra naturaleza. Algunas veces este viaje se realiza conscientemente, sin embargo, en la mayoría de los casos no es así.

“Etapas del viaje:

– Alejamiento de lo femenino: cuando la mujer busca su identidad dentro de la cultura y el mundo masculinos.
– Las pruebas del camino: donde enfrenta los mitos de la inferioridad femenina, la dependencia y el amor romántico.
– La aridez espiritual: cuando aflora el sentimiento de haberse extraviado en su lucha en pos del éxito.
– La iniciación y el descenso: un período de inmersión en su interior en busca de sus pedazos perdidos.
– El anhelo de reconectar con lo Femenino: un proceso de reconciliación con su cuerpo y su sexualidad.
– Sanación de la ruptura madre-hija: el reencuentro con la naturaleza profunda de lo Femenino.
– Sanación de lo Masculino: cuando la mujer integra las partes heridas de su masculino interno.
– El matrimonio sagrado: un proceso que ocurre a medida que aprende a integrar y equilibrar todos los aspectos de sí misma”

Maureen-Murdock-bw-jpeg-158729_218x218“Cuando una mujer decide dejar de jugar según las reglas patriarcales, no tiene indicadores que le digan cómo actuar y sentir. Cuando no quiere ya perpetuar formas arcaicas, la vida se hace emocionante, terrorífica.” Maureen Murdock

Al enumerar las etapas del viaje, luego de un inicial alejamiento y rechazo de lo femenino (que se manifiesta también en un alejamiento y ruptura con la madre) nos sumergimos en el mundo masculino para conseguir lo que esta cultura patriarcal nos ofrece engañosamente como valioso.

Luego de este descenso que puede manifestarse de muchas maneras (depresión, ansiedad, confusión, pánico) comenzamos poco a poco a curar la herida que nos ocasionó la separación de nuestro universo femenino.

A este proceso Murdock lo llama sanación de la herida Madre/Hija, aunque esto puede o no coincidir con una curación literal de la relación con nuestras madres. Esta curación se dará dentro de nosotras cuando comencemos a nutrirnos, a conectarnos con nuestra intuición, nuestra sexualidad, nuestra creatividad y nuestro sentido del humor.

Las palabras construyen o destruyen, en nuestro caso mujeres, palabras y enseñanzas milenarias mal entendidas, aunque no lograron destruirnos por completo,  sí nos acomplejaron.  Todas esas expresiones misóginas que conocemos son la expresión del inconsciente colectivo.

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  1. Kata, me ha encantado tu artículo. Voy a poner el vínculo a él en mi página de facebook y en el grupo de mi novela En un rincón del alma. Cuando lo leía era como escuchar a Jimena, su protagonista. Felicidades!

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