DE PALABRAS Y MUJERES – 1. Breve apunte a la visión binocular de Jean Shinoda Bolen

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Acerca de las mujeres: lo feminista y lo junguiano.

“… Los héroes emprenden viajes, enfrentan dragones y descubren  el tesoro de su propia identidad…“  descarga (10)Carol Pearson

Los viajes que emprenden héroes maravillosos con capacidades impresionantes existen en todas las culturas, de hecho son los relatos más antiguos y mejor recordados. Cada historia se basa en mitos que nos cuentan las vicisitudes por las que tiene que pasar dicho héroe para lograr una misión muy difícil. Es la misma historia a partir de la cual cada cultura o grupo humano teje una propia.

La travesía del héroe “es un mensaje de sabiduría que nace del alma”, es inherente al ser humano. Se trata  de una historia ejemplar, una parábola del trasegar de todos los seres humanos a lo largo de nuestra vida que el psiquiatra suizo Carl Jung interpretó de forma muy clara y concisa, de tal manera que la única conclusión posible es que  los temas comunes a estas tradiciones están conectados con el alma del ser humano. Es decir, que aunque tenemos características externas que nos individualizan, también llevamos dentro todo un universo interior común al que llamó Inconsciente colectivo,  que nos conecta con  los arquetipos del alma, cuyas imágenes hemos traído con nosotros.

Entonces, Jung descubrió que existen símbolos de naturaleza universal, a los que llama arquetipos, que se relacionan con una serie de experiencias comunes en distintos pueblos y culturas (el embarazo y el parto, la infancia, la vejez y la muerte, el amor, la búsqueda, la lucha,.). Son experiencias compartidas por los seres humanos en todas las épocas, que recogen una sabiduría común a toda la humanidad. Estas experiencias se organizan en campos comunes (arquetipos) dentro del inconsciente colectivo. De este modo nos encontramos con arquetipos como el de madre, niñ@, amante, guerrer@, sabi@, etc. Los arquetipos aparecen en forma de “personajes” en los mitos y cuentos de hadas de todos los pueblos, dando voz al inconsciente colectivo. Los encontramos en la actualidad en el cine, la literatura, el arte, la publicidad, etc.

La psiquiatra Jean Shinoda Bolen nos ofrece una visión muy interesante acerca de la travesía del héroe con respecto a la mujer, que incluye el sentido ritual presente en nuestro incosciente desde la prehistoria donde la mujer recolectora era además cabeza de familia y sacerdotisa.  Advierto que este sentido ritual no riñe con ninguna creencia, incluyendo las creencias cristianas en tanto simplemente se refiere a la inclinación natural hacia la espiritualidad, la exploración y búsqueda de lo secreto, el misterio, el mundo sobrenatural.

En tiempos muy lejanos, dada la composición de los pequeños grupos humanos, lo único cierto era la identificación con la progenitora, la matriarca y la madre tierra, de donde la mujer tomaba lo necesario para la supervivencia y por experiencia, el conocimiento necesario para aplicar incluso sofisticados tratamientos médicos. El impacto del ciclo lunar en nuestros ciclos determinó gran parte de los rituales de entonces. Shinoda afirma que para las mujeres, “especialmente después de los 40 años empieza lo mejor si eres capaz de darte cuenta de la cantidad de cualidades potenciales que hay dentro de ti. Entonces te entran ganas de convertirte en bruja”, refiriéndose al arquetipo interno de Las brujas sabias, las que  dicen la verdad con compasión, y no comulgan con lo que no les gusta, pero no tienen la rabia de las mujeres más jóvenes. Mujeres que son capaces de mirar hacia atrás sin rencor ni dolor; son atrevidas, confían en los presentimientos, meditan y oran, acrecientan su espiritualidad, defienden con firmeza lo que más les importa, deciden su camino con el corazón, escuchan su cuerpo, improvisan, no imploran, ríen mucho.

Doctora Jean Shinoda BolenDice la doctora Shinoda: “Durante el mismo período en el que estaba adquiriendo una perspectiva feminista, estaba haciéndome simultáneamente analista junguiana. Después de completar mi periodo como médico interno en psiquiatría en 1966, entré en el Instituto C. G. Jung de San Francisco, como alumna del programa de formación y recibí el título de analista en 1976.

Mi visión sobre la psicología femenina se desarrolló ininterrumpidamente durante este periodo, incorporando percepciones feministas a la psicología arquetípica junguiana.

Me sentía como si estuviera haciendo el puente entre dos mundos cuando me aventuraba yendo y viniendo entre los analistas junguianos y las psiquiatras feministas. Mis colegas junguianos no se preocupaban demasiado de lo que ocurría en el mundo político y social. La mayoría parecía sólo vagamente consciente de la relevancia del movimiento de las mujeres. Mis amigas feministas en psiquiatría, si es que pensaban en mí como analista junguiana, lo hacían para considerar este aspecto, bien como un interés personal místico o esotérico, o bien como una subespecialidad respetada que no tenía nada que ver con los problemas de las mujeres. A pesar de todo, haciendo de lanzadera descubrí que se produce una nueva profundidad de comprensión cuando se ponen juntas las dos perspectivas, junguiana y feminista. Las dos proporcionan una visión binocular de la psicología de las mujeres.

La perspectiva junguiana me ha hecho consciente de que las mujeres están influidas por poderosas fuerzasm internas, o arquetipos, que pueden ser personificadas por las diosas griegas. Y la perspectiva feminista me ha proporcionado una comprensión de cómo las fuerzas externas, o estereotipos –los papeles a los que la sociedad espera que la mujer se adapte-, refuerzan algunos patrones de diosas y reprimen otros. Como consecuencia, yo veo a cada mujer como una “mujer intermedia”: impulsada desde dentro por arquetipos de diosas y desde fuera por estereotipos culturales.

Una vez que la mujer se vuelve consciente de las fuerzas que influyen en ella, obtiene el poder que ese conocimiento proporciona. Las “diosas” son fuerzas poderosas e invisibles que moldean la conducta e influyen en las emociones. El conocimiento acerca de las “diosas” dentro de las mujeres constituye un nuevo territorio para el aumento de la conciencia social sobre las mujeres. Cuando una mujer sabe qué “diosas” son las fuerzas dominantes dentro de ella, adquiere autoconocimiento sobre la fuerza de ciertos instintos, las prioridades y las capacidades, y también las posibilidades de encontrar un propósito personal a través de las opciones que toma y que otras personas pueden no estimular.

Los patrones de diosas afectan también a las relaciones con los hombres. Ayudan a explicar algunas de las dificultades y afinidades que determinadas mujeres tienen con determinados hombres. ¿Escogen hombres poderosos y triunfadores en el mundo? ¿Lisiados y creativos? ¿Infantiles? ¿Qué “diosa” es el impulso inadvertido que empuja a una mujer hacia un tipo particular de hombre? Dichos patrones influyen en la selección y estabilidad de las relaciones.

Los patrones de relación también llevan la impronta de diosas concretas. Padre-hija, hermano-hermana, hermana-hermana, madre-hijo, amante-amante, o madre-hija, cada pareja representa una configuración que corresponde de manera natural a una diosa concreta.

Cada mujer posee dones “otorgados por la diosa”, que ha de aceptar con agradecimiento y sobre los que tiene que aprender. Cada mujer tiene también riesgos “otorgados por la diosa”, que debe reconocer y superar para cambiar. No puede resistirse a vivir un patrón determinado por el arquetipo de una diosa subyacente hasta que es consciente de que dicho patrón existe y de que trata de realizarse a través de ella”¹

“Así pues, los arquetipos son los arquitectos de nuestra vida. Desarrollar la visión simbólica y arquetípica nos ayuda a comprender nuestra existencia y nuestro objetivo vital aún a pesar de los  estereotipos culturales. Permite también ver la vida con un grado de claridad espiritual que ayuda a curar heridas emocionales y espirituales acumuladas. Y hace posible sentir la guia divina en nuestra alma.  Desde este punto de vista, no nos queda más que descubrir cuáles son nuestras diosas arquetípicas para comprendernos y comprender nuestra manera de actuar, para descubrir soluciones y dar rumbo a nuestras vidas, dado que la meta del viaje es la totalidad.  Entonces un mismo héroe, al igual nosotros, puede ser a la vez el huérfano, el vagabundo, el guerrero, el mártir o el mago. Por ejemplo: Hércules, Odiseo”.

Para la autora de “Las Diosas de cada mujer”, un magnífico libro que recomiendo a todos y todas, a más edad, más camino aprendido. La observación compasiva de la vida de los demás enseña mucho, y las mujeres sabias se pasan mucho tiempo observando. Algunas mujeres, muy pocas, son sabias a partir de los 30 o 35 años; sin embargo, las que están en los 60 son maravillosas.  Esta autora y psiquiatra recomienda hacer o conformar círculos que tengan  un componente espiritual.  Simplemente escuchando los problemas, anhelos y miedos de otras mujeres y contando los propios, se adquiere fuerza. Lo interesante de hacerlo en círculo es que todos estan a la misma distancia, se observan mutuamente y esto facilita la conexión.

Se por experiencia propia que estos círculos se forman sin necesidad de convocarlos y cuando hay un interés común, tambien nace la solidaridad y estrecha unión entre todos. Sin embargo, según la autora, todos estamos interconectados y por tanto lo que cada uno haga influye en el mundo. Los círculos de mujeres transforman el mundo a través de la activación del campo mórfico de la teoría de Rupert Sheldrake, el biólogos que desarrolló la hipótesis de que cuando una masa crítica de monos llega a un determinado conocimiento, este se transmite de forma intuitiva e instantánea a todos los miembros de su especie.

Algunos estudios evidencian que cuando una mujer que sufre estrés habla con otra mujer, ambas liberan la hormona de la maternidad que provoca que el estrés descienda. “Si las mujeres estuvieran implicadas en los procesos de paz, todo sería más fácil, ¡pero si los que la negocian son machos alfa…!”

Cuando se encuentran un hombre y una mujer estresados y la mujer es comprensiva, una “bruja sabia”, la adrenalina del hombre baja y su autoestima sube. Y basta solamente con que se siente a su lado, mientras, cuando un hombre estresado se encuentra con otro, segregan testosterona, que provoca huída o enfrentamiento.

Para terminar, estamos llenas de recursos poderosísimos a los que no prestamos atención, como por ejemplo el conocimiento intuitivo. Debemos ser auténticas, ser consecuentes con nuestra persona interior y averiguar qué queremos hacer con nuestra preciosa vida. Desde fuera intentarán contestar por nosotras a las preguntas esenciales, no debemos permitirlo, es un camino individual. Hay que reconocer el arquetipo dominante en nosotras, sus patrones internos, que han sido resumidos en siete arquetipos de diosa. Cada mujer tiene dos o tres dominantes, que van desde la autónoma Artemisa y la fría Atenea, hasta la nutritiva Deméter, la creativa Afrodita, o Hera, la diosa del matrimonio.

El viaje del héroe es siempre circular, más bien espiral y se produce muchas veces a lo largo de la vida. Cada vez que decidimos dar un sacudón a nuestras vidas, nos evaluamos y recomenzamos. Qué mejor que hacerlo de manera consciente? Además, si podemos llevar una vida en la que el arquetipo dominante y nuestro rol en la vida coincidan, nos sentiremos satisfechas.

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¹Jean Shinoda Bolen, Las Diosas de Cada Mujer, Introducción, páginas 23 y 24
(Editorial Kairós, Argentina, 2008)

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