JESÚS, PRIMER GESTOR DE LA EQUIDAD DE GENERO.

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Como mujer he sufrido una que otra forma de maltrato y misoginia a lo largo de mi vida, incluso por parte de otras mujeres.

Recuerdo con algo de indignación el día en que siendo madre muy joven, estudiante de una muy importante universidad, solicité se me permitiera reducir la intensidad horaria y cancelar algunas materias. La decana me dijo muy suavemente que mejor me dedicara a “criar al muchachito” y luego me reintegrara. Ese día sentí un golpe seco en el pecho. No dije nada, estaba terminando mi adolescencia y la autoridad me intimidaba….

Las mujeres repitiendo el mismo esquema que nos daña. Es un hecho. “Sabemos” que hijas e hijos se crían de forma diferente y nuestras niñas aprenden a ser mujercitas reproduciendo nuestro quehacer doméstico, mientras que los chicos son libres de aprender  a ser hombrecitos en los juegos e interactuando con otros varones. Por supuesto hay sociedades cuyo machismo está más o menos arraigado, pero en todos los niveles y en casi todos los grupos humanos aparece en mayor o menor medida.

El tema que quiero tratar hoy aquí es hermoso, emocionante y a mi modo de ver bastante edificante. Es difícil decirlo todo, pero planeo hacer un recorrido lo más claro y jugoso posible.

Inicio esta entrada en estado de fascinación y amor absoluto por Jesús. Hay mucho que decir sobre la forma en que se relacionó y dignificó a la mujer, un ser por aquellos tiempos considerado de segundo orden.

 

EL CONTEXTO

Para entender la actitud de Jesús ante la mujer es imprescindible conocer las costumbres de su época y así no caer  en errores al no entender sus actitudes o malinterpretarlas. El Señor Jesús trae consigo el culmen de un largo proceso, que significa redención y dignificación para todos, lo que incluye a mujeres y niños, considerados de segundo orden e indignos de especial consideración por la sociedad judía de la época.

Antes que nada, pongamos en claro algunos conceptos útiles en el momento de  hacer cualquier estudio que involucre la Biblia:

La Biblia fue escrita por orientales. Es fácil que los occidentales pasen por alto el hecho de que las Escrituras tuvieron su origen en el Oriente, y que cada uno de los escritores era en realidad oriental. En vista de esto, se puede afirmar que la Biblia es un libro oriental, en un sentido verdadero. A pesar de esto, muchos leerán las Escrituras con el prejuicio de sus propios usos y costumbres occidentales, en lugar de interpretarlas desde el punto de vista oriental.

Es necesario conocer los usos y costumbres orientales para entender la Biblia. Muchos pasajes de las Escrituras difíciles de entender para el occidental, se explicarán fácilmente mediante el conocimiento de las costumbres y los modos de las tierras bíblicas. 

Vale decir, para comenzar, que de todos es conocida la preocupación de Jesús por todos los seres cuya existencia estaba cargada de injusticia, dolor, tristeza, infelicidad, enfermedad, miseria espiritual, mental y física.  Con muchas de sus actuaciones es un hecho que  «los últimos serán los primeros» (Mc 10,31) y entre los grupos marginados por los que detentaban y controlaban el poder religioso y civil estaban las mujeres y los niños (con problemáticas diferenciadas) como seres absolutamente desvalorizados, económicamente sin valor y además sin contar para nada ni religiosa ni civilmente.

El hecho de que Jesús los escogiera, amara, curara y tratara con respeto y dignidad hace que se descubran personas humanas y con valor a los ojos de Dios. Esta toma de conciencia hace emerger potencialidades adormecidas para mostrarse con valor y  volverse activos y participantes en la sociedad.

Hay diversos detalles que me gustaría resaltar:

El rito de pertenencia a la religión judaica era masculino (la circuncisión), una alianza con Dios con la que la mujer no contaba, hasta el punto de que, si en una asamblea había 10 mujeres y 1 hombre, ésta no se realizaba, porque para una ceremonia religiosa eran necesarios 10 hombres.

El patio del templo reservado a las mujeres estaba fuera y separado. La mujer era considerada como un objeto, propiedad del padre o del marido (Ex 20,17). Socialmente la mujer no servía como testigo, igual que los niños y los esclavos. Una situación de objeto, a la que se sumaba el preconcepto de ser una gran pecadora (porque pecó primero, y llevó al hombre al pecado, y fue creada después y a partir del hombre: lecturas parciales y sexistas de los relatos Gn 2 y Gn 3).

En aquel tiempo la mujer no tenía participación alguna en la vida pública. Y esto se manifestaba en una serie de costumbres, que resultaban en extremo duras y humillantes. Por ejemplo, cuando la mujer de Jerusalén salía a la calle, tenía que llevar la cara tapada, cubierta con dos velos, de forma que no se pudiera distinguir su rostro. Esta costumbre se observaba con tal severidad que, si una mujer salía a la calle sin cubrirse la cara y la cabeza, el marido tenía el derecho, y hasta el deber, de echarla de su casa y divorciarse, sin pagarle nada.

Se prohibía mirar a una mujer casada e incluso saludarla y más aún encontrarse con ella a solas en la calle. Una mujer que conversara con todo el mundo de la calle, o que se pusiera a coser en la puerta de su casa, podía ser repudiada por el marido y, además, sin recibir el pago acordado en el contrato matrimonial. Más aún, se prefería que la mujer, sobre todo si era joven, no saliese a la calle. Por eso, cuenta Filón, un autor de aquel tiempo, que la vida pública estaba hecha sólo para los hombres, mientras que las mujeres honradas tenían como límite la puerta de su casa. En el caso de las jóvenes el límite era el de sus aposentos o habitaciones, pues se quería que no salieran a donde estaba la gente.

Las mujeres tenían prohibido andar solas por los campos. Resultaba sencillamente impensable que un hombre se pusiera a hablar a solas con una mujer en el campo. Pero más importante que todo lo anterior era el poder que, de hecho, ejercía el padre, y sólo el padre, sobre sus hijas. Si éstas eran menores de doce años, él tenía un poder absoluto sobre ellas, hasta el punto de que podía incluso venderlas como esclavas. Además, el padre tenía el derecho exclusivo de aceptar o rechazar una petición de matrimonio para una hija suya y, hasta la edad de doce años y medio, la chica no podía rechazar un matrimonio concertado por el padre. Cuando una mujer se casaba, pasaba del poder del padre al del marido.

Estaba permitida la poligamia. Una mujer casada no se podía oponer a que bajo su mismo techo vivieran una o más concubinas de su marido. En cambio, si ella era sorprendida en adulterio, el marido tenía el derecho de matarla. Además, el derecho a pedir y exigir el divorcio estaba solamente de parte del marido, como ya hemos visto. Y por si todo esto fuera poco, cuando la mujer se quedaba viuda y sin haber tenido hijos, todavía después de muerto el marido seguía dependiendo de él, porque la ley mandaba que la viuda sin hijos se casara con un hermano del difunto esposo para poder dejar así un hijo al finado (Dt 25,5- 10; Mc 12,18-27).

También era costumbre en aquel tiempo que las mujeres no aprendieran a leer ni escribir: sólo se les enseñaba a cumplir con sus obligaciones domésticas, porque ése era el papel que se les asignaba en la sociedad y en la familia. Las escuelas eran exclusivamente para los chicos y no para las jóvenes. Ni siquiera se acostumbraba a enseñarles la Torá, o sea, la Ley del Señor. El rabino Eliezer solía decir: “Quien enseña la Torá a su hija le enseña el libertinaje, porque hará mal uso de lo que ha aprendido”. Hasta ese punto llegaba el menosprecio que los hombres sentían por la mujer en aquel tiempo.

 

LA ACTITUD DE JESÚS FRENTE A LA MUJER

En este contexto,  el comportamiento de Jesús resalta de una manera maravillosa.

En primer lugar, los evangelios dicen con claridad que en el grupo de discípulos que acompañaban a Jesús había mujeres: “Lo acompañaban los Doce y algunas mujeres que él había curado de malos espíritus y enfermedades: María Magdalena, de la que había echado siete demonios; Juana, mujer de Cusa, intendente de Herodes; Susana y otras muchas que le ayudaban con su bienes” (Lc 8,2-3).

Lucas nos dice que este grupo de personas iba con Jesús “caminando de pueblo en pueblo y de aldea en aldea” (Lc 8,1). Hasta en nuestros días resultaría chocante y aun sospechoso el que un profeta ambulante llevase consigo a hombres y mujeres, por caminos y pueblos. Por la información que nos suministra Lucas, en el grupo ambulante de Jesús iba una tal Juana, que estaba casada con un político conocido. Y había otras que ayudaban con sus bienes, lo que indica que tenían autonomía económica, cosa que sólo podía darse en el caso de que aquellas mujeres fueran viudas. O sea, Jesús estaba acompañado por viudas y casadas, mujeres tan entusiasmadas con él que hasta habían abandonado sus casas. Además, el mismo Evangelio de Lucas nos dice que había algunas mujeres a las que Jesús “había curado de malos espíritus”.

Llama la atenciòn que a nadie se le ocurre insinuar algùn trato inapropiado o abusivo hacia alguna mujer. En los Evangelios no hay ni el más mínimo rastro de semejante cosa. A Jesús lo acusaron de blasfemo, de agitador político, de endemoniado, de ser un hereje samaritano, de estar perturbado y loco. Sin embargo, en ningún momento le echaron en cara que tuviera líos con mujeres a pesar de que algunas situaciones se prestaban a toda clase de sospechas.

Un día estaba Jesús invitado a comer en casa de un fariseo. Y “en esto una mujer, conocida como pecadora en la ciudad, al enterarse de que comía en casa del fariseo, llegó con un frasco de perfume; se colocó detrás de él junto a sus pies, llorando, y empezó a regarle los pies con sus lágrimas; se los secaba con el pelo, los cubría de besos y se los ungía con perfume” (Lc 7,37-38).

Evidentemente, una escena así, daba qué pensar: en medio de un banquete, que se celebraba en casa de una persona respetable, entra de pronto una prostituta, y se pone a perfumar, acariciar y besar a uno de los que están allí a la mesa. La cosa tenía que resultar muy rara. Y por eso, se comprende lo que el fariseo se puso a pensar para sus adentros: “Si éste fuera un profeta, se daría cuenta quién es y qué clase de mujer la que lo está tocando: una pecadora” (Lc 7,39). Aquí es interesante caer en cuenta de que a Jesús no se le acusa de mujeriego, sino de que no es un hombre dotado de saber profético. Pero Jesús, una vez más, se muestra con una sorprendente libertad en su relación con las mujeres: Se puso a defender a la pecadora y a reprochar, en su propia casa, al señor respetable que lo había invitado a comer (Lc 7,44-47).

 

JESÚS UBICA A LA MUJER COMO SER DIGNO

Continuando con el análisis:

  • Mc 1,29-31 / Mt 8,14-15 / Lc 4,38-39. Es el relato de la curación de la suegra de Pedro. Jesús se aproxima a ella, la toma de la mano y le ayuda a levantarse, para que se ponga de pie. Esos tres verbos: aproximarse, tomarla de las manos, levantar, demuestran una actitud activa de recuperación del ser humano que de alguna manera estaba deshumanizado.
  • Marcos (/Mc 5,25-34 /Mt 9,19-22 /Lc 8,42b-48) nos relata la curación de la mujer con flujo de sangre, un texto extremadamente importante para todas nosotras porque pone en relieve diferentes conceptos que en ese momento rompió Jesús.  Según las prescripciones del libro del Levítico 15,19-31, la mujer durante el período de la menstruación no sólo se volvía impura, sino que contaminaba todo lo que tocaba. No podemos imaginar la situación de esta mujer declarada impura que estaba obligada a vivir al margen de la sociedad que la rechazaba, sin recibir ninguna muestra de cariño, ni ser tocada,  y el texto, muy detallado, nos dice que gastaba todo su dinero para poder ser curada, pero en vano, Jesús percibe ese toque, a pesar de la multitud. Públicamente queda curada, y Jesús la llama «hija», en contra de la concepción judía, y muestra a la multitud que es una representante del pueblo elegido. Pero aún más, Jesús menciona la fe de la mujer, eso es lo importante, fe que salva (Mt 15,28; Lc 1,28). Hay que decir que la fe de la mujer no era considerada en su tiempo. Este relato es muy importante para las mujeres porque muestra la actitud positiva de Jesús frente a la corporeidad femenina. La mujer cargaba sobre sus hombros su corporeidad considerada «pecado». Jesús, dejándose tocar por una mujer, y además impura, demuestra que la corporeidad femenina es parte de la creación buena de Dios (Gn 1,10.12.18.21.25). De esa forma redime la condición femenina de la opresión simbólica de Eva la pecadora. 
  • Esa historia está probablemente relacionada con la curación de la hija de Jairo (Mc 5,21-24.35- 43 / Mt 9,18.23-26 / Lc 8,40-42.49-56). Continúa Jesús con la crítica respecto a la pureza legal. Según Nm 19,11-13, quien toca a un difunto se vuelve impuro. Las dos pueden ser una crítica de Jesús hacia el sistema de impureza ritual al que eran sometidas las mujeres. 
  • Continuando nuestro paso por el evangelio de Marcos, un poco más adelante nos cuenta la curación de la hija de la siro-fenicia (Mc 7,24-30 / Mt 15,21-28). Es importante saber que, en el tiempo de Jesús, una mujer no podía hablar en la calle con un hombre, y el relato nos presenta a esta extranjera (doblemente despreciada por ser mujer y pagana) dialogando con Jesús y consiguiendo convencerle, a pesar de que Jesús rehúsa curarla diciendo que ha venido para las ovejas de Israel. La mujer, firme y persuasiva, pondera: «Los perros comen bajo la mesa de las migajas de los hijos». Jesús se rinde ante el argumento y cura a su hija. El objetivo de esta mujer era abrir un futuro para su hija, un futuro de integridad y libertad, y termina abrogando ese mismo futuro para los gentiles. De este modo, con su respuesta, es presentada como ayudando a Jesús a repensar su misión. 
  • Seguidamente Marcos nos muestra cómo Jesús era un ser atento y sensible a la realidad que lo rodeaba y cómo su fina percepción se muestra elogiando la dádiva de la viuda (Mc 12,41-42 / Lc 21,1-4). En este mismo capítulo, en versículos anteriores, Jesús critica (Mc 12,38-40) la hipocresía de los escribas, a quienes gustaba aparecer como personas muy religiosas, pero devoraban los bienes de las viudas. Sabemos que la viudez era considerada por la Biblia como uno de los tres estados de carencia total. Y justamente estas personas ofrecen la mayor dádiva. Esa generosidad es alabada por Jesús, que nos enseña que el camino de humanización pasa por la generosidad. 

Jesús revolucionó de muchos modos su tiempo y, para nosotras, las mujeres, su actitud es una revolución total. Con él y en su movimiento hicieron el proceso de descubrirse como personas con dignidad, como «hijas amadas de Dios», y de abrirse a la participación en la comunidad.

Jesús mira al interior de la persona,  de manera que ya no hay diferencia entre hombre y mujer. Cualquier norma que se use para juzgar a una mujer, vale lo mismo para los hombres. Esto es lo que Jesús enseña en el incidente de la mujer sorprendida en adulterio (Jn 8,3). Si se quiere condenar a aquella mujer, se ha de condenar lo mismo al hombre que estaba con ella. 

Entonces, Jesús, en función de su proyecto liberador, quebranta los tabúes de la época relativos a la mujer.

  • Mantiene una profunda amistad con Marta y María (Lc 10,38), hermanas de Lázaro.
  • Conversa públicamente y a solas con la samaritana, conocida por su mala vida, de forma que sorprende incluso a los discípulos (Jn 4,27). Transgrede varias normas: Habla a solas con una mujer; habla con una mujer en la calle; le enseña a una mujer; habla con una mujer pecadora, casi al nivel de una prostituta y la trata con consideración.
  • Defiende a la adúltera contra la legislación explícita vigente, discriminatoria para la mujer (Jn 7,53-8,10).
  • Se deja tocar y ungir los pies por una conocida prostituta (Lc 7,36-50).
  • Son varias las mujeres a las que Jesús atendió, como la suegra de Pedro (Lc 4,38- 39), la madre del joven de Naín (Lc 7,11-17), la mujer encorvada (Lc 13,10-17), la pagana sirofenicia (Mc 7,24-30) y la mujer que llevaba doce años enferma (Mt19,20-22).
  • En sus parábolas aparecen muchas mujeres, especialmente las pobres, como la que perdió la moneda (Lc 15,8-10) o la viuda que se enfrentó con el juez (Lc 18,1-8).

Jamás se le atribuye a Jesús algo que pudiera resultar lesivo o marginador de la mujer. Nunca pinta él a la mujer como algo malo, ni en ninguna parábola se la ve con luz negativa; ni les advierte nunca a sus discípulos de la tentación que podría suponerles una mujer. Ignora en absoluto las afirmaciones despectivas para la mujer que se encuentran en el Antiguo Testamento.

Todo esto nos viene a indicar que Jesús salta por encima de los convencionalismos sociales de su tiempo. En ningún caso acepta los planteamientos discriminatorios de la mujer. Para Jesús, la mujer tiene la misma dignidad y categoría que el hombre. Por eso, él rechaza toda ley y costumbre discriminatorias de la mujer, forma una comunidad mixta en la que hombres y mujeres viven y viajan juntos, mantiene amistad con mujeres, defiende a la mujer cuando es injustamente censurada…

Ya hemos visto hasta qué punto la mujer se veía marginada y maltratada en la organización y en la convivencia social de entonces. También en este punto el mensaje de Jesús es proclamación de la igualdad, la dignidad, la fraternidad y la solidaridad entre toda clase de personas. Su mensaje, también para las mujeres, era una verdadera Buena Noticia.

Estas actitudes de Jesús significaron una ruptura con la situación imperante y una inmensa novedad dentro del marco de aquella época. La mujer es presentada como persona, hija de Dios, destinataria de la Buena Nueva e invitada a ser, lo mismo que el varón, miembro de la nueva comunidad del Reino de Dios. Por todo eso no es de extrañar que fuesen mujeres las más fieles seguidoras de Jesús (Lc 8,2-3), que habían de acompañarlo hasta cuando sus discípulos lo abandonaron. 

Jesús introdujo un principio liberador, atestiguado con su comportamiento personal, pero las consecuencias históricas no fueron inmediatas. Solamente en la actualidad se ha creado una cierta posibilidad de realizar algo del ideal expresado por Jesús. Pero su principio dignificador de la mujer sigue siendo aún semilla, cargada de una profunda crítica constructiva y por lo mismo  referencia para el ideal a realizar.

Sabemos que a lo largo de la historia se han pasado por alto estas enseñanzas y de manera deliberada, aunque obvia, no se predican, pero sí se han resaltado palabras de los mismos apóstoles, jerarcas y líderes posteriores de las iglesias cuyo machismo y hasta misoginia estaba fuertemente arraigada, así como en muchos líderes religiosos y ya que la religión dominó por muchos años y administró el conocimiento y hasta lo que se debía pensar, los daños han sido bastante grandes y de muy larga duración  hasta nuestros días.

♥♥♥

“En lo que se refiere a la naturaleza del individuo, la mujer es defectuosa y mal nacida, porque el poder activo de la semilla masculina tiende a la producción de un perfecto parecido en el sexo masculino, mientras que la producción de una mujer proviene de una falta del poder activo.” 

—Santo Tomás de Aquino, Summa Theologica

“¿Y no sabes tú que eres una Eva? La sentencia de Dios sobre este sexo tuyo vive en esta era: la culpa debe necesariamente vivir también. Tú eres la puerta del demonio; eres la que quebró el sello de aquel árbol prohibido; eres la primera desertora de la ley divina; eres la que convenció a aquél a quien el diablo no fue suficientemente valiente para atacar. Así de fácil destruiste la imagen de Dios, el hombre. A causa de tu deserción, incluso el Hijo de Dios tuvo que morir.”

—Tertuliano, Padre de la Iglesia, “De Culta Feminarum”, 1.1

“Tengan sus hijos y hagan como puedan; si mueren, benditas sean, porque seguramente mueren en medio de una noble labor y de acuerdo a la voluntad de Dios… Así ven ustedes cómo son débiles y poco saludables las mujeres estériles; aquéllas bendecidas con muchos niños son más saludables, limpias y alegres. Pero si eventualmente se agotan y mueren, no importa. Que mueran dando a luz, que para eso están.”

—Martín Lutero

“Algunas mujeres poseen en forma natural cinturas pequeñas. Pero en lugar de considerar estas formas como hermosas, deberían ser consideradas defectuosas. Estas cinturas de avispa podrían haberle sido transmitidas de sus madres, como resultado de su indulgencia en la práctica pecaminosa de usar corsés apretados, y como resultado en una respiración imperfecta”

—Elena G. de White, en Review and Herald, 31 Octubre 1971; “Words to Christian Mothers,” The Health Reformer, Octubre 1871:121, y Noviembre 1871:154-157; Healthful Living, 1897:58.

“Las mujeres escuchen en silencio las instrucciones con entera sumisión. Pues no permito a la mujer enseñar ni tomar autoridad sobre el marido; mas estése callada. Ya que Adán fue formado el primero, y después Eva. Y además Adán no fue engañado, mas la mujer, engañada, fue causa de la prevaricación de la caída en el pecado. Verdad es que se salvara por medio de los hijos, si persevera en la fe y el la caridad en santa y arreglada vida.

—1 Timoteo 2: 11-15, atribuido por los cristianos a San Pablo.

“las niñas empiezan a caminar y a hablar antes que los niños porque la maleza crece siempre más rápido que las buenas semillas”

—Martín Lutero. Teólogo alemán

“Mas aquellos hombres no le quisieron oír; por lo que tomando aquel hombre su concubina, sacósela fuera: y ellos la conocieron, y abusaron de ella toda la noche hasta la mañana, y dejáronla cuando apuntaba el alba.” (La mujer murió)

—Jueces 19: 25

“Nada rebaja tanto a la mente varonil de su altura como acariciar mujeres y esos contactos corporales que pertenecen al estado del matrimonio.”

—San Agustín, “De Trinitate”

“Es Eva, la tentadora, de quien debemos cuidarnos en toda mujer… No alcanzo a ver qué utilidad puede servir la mujer para el hombre, si se excluye la función de concebir niños.”

—San Agustín de Hipona

“Las mujeres no deben ser iluminadas ni educadas en forma alguna. De hecho, deberían ser segregadas, ya que son causa de insidiosas e involuntarias erecciones en los santos varones.”

—San Agustín de Hipona

“El organismo de las mujeres está dispuesto al servicio de una matriz; el organismo del hombre se dispone para el servicio de un cerebro.

—Federico Arvesu, médico y jesuita, “La virilidad y sus fundamentos sexuales”, 1962

“Hagan como se hace en todas las Iglesias de los santos: que las mujeres estén calladas en las asambleas. No les corresponde tomar la palabra. Que estén sometidas como lo dice la Ley, y si desean saber más, que se lo pregunten en casa a su marido. Es feo que la mujer hable en la asamblea.”

—1 Corintios 14: 34-35, atribuido por los cristianos a San Pablo.

“Maten a cada varón entre los pequeños, y maten a cada mujer que haya yacido con un hombre. Pero todas las mujeres jóvenes que no hayan conocido hombre,… manténganlas vivas para ustedes.” Moisés, transmitiendo las órdenes de Dios a su pueblo,

—Números 31: 17-18

“La destrucción de nuestra comunidad y nuestra cultura es culpa de hombres afeminados que han sido influenciados en demasía por las mujeres.”

—Tony Evans, co-editor de “Seven Promises of a Promise Keeper”, en “The Progressive”, agosto de 1996

“Cuando un hombre venda a su hija como esclava…”

—Éxodo 21, 7

“Los hombres de Sodoma querían violar a dos ángeles y Lot dijo…….He aquí ahora yo tengo dos hijas que no han conocido varón; os las sacaré afuera, y haced de ellas como bien os pareciere: solamente á estos varones no hagáis nada, pues que vinieron á la sombra de mi tejado.”

—Génesis 19: 8

“La moda recarga las cabezas de las mujeres con trenzas y almohadillas artificiales… que calientan y excitan los centros nerviosos de la médula espinal en el cerebro… La acción de la sangre sobre los órganos inferiores o animales del cerebro causa una actividad antinatural y una tendencia hacia la temeridad en la moral, y la mente y el corazón están en peligro de corromperse. Al excitarse y fortalecerse los órganos animales, la moral se debilita. Los poderes morales e intelectuales de la mente se convierten en siervos del animal… Muchos han perdido la razón y se han vuelto locos sin remedio después por seguir esta moda deformadora.”

—Elena G. de White, cofundadora de la Iglesia Adventista del Séptimo Día, “Words to Christian Mothers, No. 2,” Health Reformer 6 (Oct. 1871):12 1.

“Esta es una época veloz. Los niñitos y las niñitas comienzan a fijarse el uno en el otro cuando ambos deberían estar en una guardería, recibiendo lecciones de modestia y buen comportamiento. ¿Cuál es el efecto de esta mezcla tan común? ¿Aumenta ella la castidad en los jóvenes que así se reúnen juntos? ¡Realmente no! Aumenta las primeras pasiones libidinosas; después de estas reuniones, los jóvenes son enloquecidos por el diablo y se entregan a sus viles prácticas.”

—Elena G. de White, cofundadora de la Iglesia Adventista del Séptimo Día, Testimonies for the Church 2:482.

 

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  1. Primero que nada permiteme felicitarte por recabar tan valiosa informacion de uno de los tantos libros autodenominados “sagrados”, se erigen como dadores de luz y vida, pero al que lo dude le cortamos la cabeza o cosas peores.

    Pero por otro lado, despues de leer tantas barbaridades, cual mordidas de animal rabioso que se lanzan contra la mujer, por el mero hecho de serlo, de verdad crees que existe un dios de “amor” permitiendo todo aquello?

    De verdad puedes creer que un ser pefecto permitio que se escriban tantas estupideces juntas, con el fin de poner a la mujer a la altura de un objeto casi inutil?

    Espero que por respeto a esas mujeres que ayer, sufrieron lo indecible en nombre de esa biblia salvaje, respondas. Y cuando digo ayer digo hace unos años apenas, aunque la verdad todavia existen lugares donde la mujer se considera menos que una esclava. Y hablo de paises cristianos.

    Gracias!

    • Antes que nada, aprecio y agradezco el tiempo y cuidado que has dedicado a este escrito.
      También agradezco tu comentario, que respeto y aprecio, aunque no lo comparto.
      Precisamente el escrito tiene una razón de ser y es resaltar la incongruencia que existe entre muchos -la mayoría lastimosamente- de los seguidores de Cristo y las enseñanzas de él. Porque pareciera que sus seguidores contaminados por la misoginia judía olvidaron deliberadamente esta parte de sus enseñanzas, como muchas otras y más bien acomodaron el credo según su parecer.
      Puedo decirte que incluso hubo serias diferencias entre los apóstoles, especialmente entre el grupo liderado por Pedro y el liderado por Pablo.
      Lastimosamente, por las condiciones en que se desarrolló la iglesia primitiva, la tendencia de Pedro (machista, misógino) dominó y sabemos que esta fue la iglesia que se generalizó.
      Ten en cuenta que el cristianismo existe por Cristo y que quien dio el mensaje fue él. Un mensaje bastante diferente de lo que corrientemente se enseña. Lo que los hombres que no entienden hacen, es otro asunto.
      Hay muchos aspectos por tener en cuenta y este espacio es muy reducido. El tema no puede ser tomado tan a la ligera debido a que hay que considerar tantos aspectos, desde el contexto histórico y geográfico, hasta el sociológico y psicológico, aún de tipo espiritual y éste último es el más difícil de comprender, porque hay que serlo.
      Por lo pronto, vale decir que mi intención ha sido simplemente rescatar y poner sobre el tapete algo que los patriarcas ignoran con intención.
      Por supuesto creo en un Dios perfecto y he visto cómo obra. No en balde la mayoría de sus seguidores son mujeres y tenemos el privilegio de aprender muchas cosas, sin necesidad de intermediarios, pero esto ya en el plano espiritual.
      La Biblia no es salvaje ni mucho menos, hay que saberla leer e interpretar, te recomiendo que si alguna vez lo haces, te liberes de tus creencias y de lo que otros te hayan mal-enseñado al respecto y que con nuevos ojos, con mente abierta y corazón dispuesto, le des una oportunidad. Por cierto, hace falta un buen atlas, recorderis de historia, algo de conocimiento de culturas orientales y ya verás, al menos como intelectual verás las cosas de otro modo.
      Un abrazo.

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