MADONNA Y RAMERA

Estándar

“Hombres necios que acusáis    
a la mujer, sin razón,
sin ver que sois la ocasión
de lo mismo que culpáis;
”  


Este bello fragmento de “Redondillas”, obra de Sor Juana Inés de la Cruz ilustra muy bien esa doble faz en que nos movemos y que es precisamente el tema de este escrito: la madonna y la ramera.  La moral sexual de las mujeres.

“si con ansia sin igual
solicitáis su desdén,
por qué queréis que obren bien
si las incitáis al mal?

Desde diferentes medios de comunicación nos bombardean por éstos días con los hechos de una mujer joven, prostituta, que al parecer puso en jaque al servicio secreto de los Estados Unidos. Este hecho adquirió dimensiones que nadie esperaba, más por obra de los medios, que por la importancia que puede tener para muchos, excepto el mismo servicio secreto y el presidente al que supuestamente guardan de todo mal.  Aparte del hecho en sí, se han levantado toda clase de discusiones, pero las que más resuenan vienen cargadas de morbo, ignorancia, misoginia y legalismos que para nada ayudan a comprender y ver la realidad del asunto.

“¿O cuál es de más culpar,
aunque cualquiera mal haga;
la que peca por la paga
o el que paga por pecar?

¿Pues, para qué os espantáis
de la culpa que tenéis?
Queredlas cual las hacéis
o hacedlas cual las buscáis.”

La prostitución, práctica tan antigua como el sistema patriarcal, nace con él.  En la sociedad matriarcal, la mujer aseguraba su descendencia y herencia por efectos de la misma naturaleza pues tenía la certeza de quiénes eran sus hijos y ellos sabían de dónde provenían.  La madre oficiaba todo ritual, como tipo de la fertilidad de la tierra y aseguraba a su familia proveyendo alimento, brindando protección y organizando toda actividad.  Debido a que no habían emparejamientos duraderos, la familia matriarcal compuesta por madre e hijos era la única organización segura y estable, así que la mujer tenía el poder económico, político y social. Eran tiempos en que la monogamia ofrecía pocas ventajas para ambas partes: para la mujer, mejor establecer tratos con varios cazadores que con uno solo y para los hombres, de poco servía alimentar una sola mujer embarazada y autosuficiente.

La exclusividad en las relaciones se da cuando los hombres toman fuerza como cazadores altamente especializados y se conforman familias mas o menos estables, la mujer va siendo desplazada hacia esa posición secundaria y supeditada por la necesidad de ser protegida debido a la quietud por el sedentarismo, cierta placidez y tranquilidad en la crianza de los hijos y la agricultura incipiente, en lo que se llama División sexual del trabajo.   Y la prostitución? Aparece en este momento, entre hombres con poder económico, político y religioso y algunas mujeres de bajo estatus social por estar completamente solas o  con hijos. De alguna manera había que asegurar alimentos y fácilmente se recurre al intercambio de sexo por provisiones. Los científicos afirman que estos antecedentes existen en las respuestas fisiológicas ante diversas situaciones. Los hombres están programados genéticamente como cazadores y las mujeres como recolectoras. Estas características son evidentes en diversas actitudes, entre ellas, la sexualidad y rituales de cortejo¹.

Cuando surge el sistema patriarcal y con él, los mitos de creación, solo una cuantas culturas y civilizaciones respetan el derecho de la mujer como par del hombre, pero en nuestro caso, son dichos mitos los que sustentan el poder del hombre y demuestran cómo la mujer es causante de tantos males para la humanidad.  En nuestra cultura,  Adán y Eva, de la tradición judeocristiana. 

Todos sabemos que a Eva se le acusa de la expulsión del paraíso, pues “hizo pecar” al hombre, le indujo a la desobediencia y cabe resaltar que es a Adán a quién Dios pide cuentas y también quien debe cargar con la responsabilidad. La mujer ha sido bajada de su lugar de manera sutil. No voy a ahondar, al menos en esta ocasión acerca del papel de la mujer en la Biblia. Basta decir que Jesús nunca pinta a la mujer como algo malo, ni en ninguna parábola se la ve con luz negativa, ni se advierte nunca a sus discípulos de la tentación que pueda suponerles una mujer. Dicho brevemente, Jesús se diferencia de otros judíos y de la mayoría de los maestros religiosos de antes y de después de él, tanto orientales como occidentales, tanto así,  que ignora costumbres y afirmaciones cargadas de desprecio hacia la mujer, que se encuentran en algunos apartes de las Escrituras. 

Entonces qué sucedió? Las interpretaciones amañadas por intereses político-religiosos y la visión enfermiza por parte de algunos jerarcas, principalmente en el tema de la sexualidad y el proceso biológico de la concepción y nacimiento pervierten en buena medida el papel de la mujer en la sociedad.

Es así como aparecen multitud de tratados y normas, como durante la baja Edad Media el terrible Melleus Malleficarum (El martillo de las brujas), cuyos autores, monjes dominicos, Heinrich Kramer y Jakob Sprenger, afirman que la brujería es más natural en las mujeres que en los hombres, a causa de la maldad propia de ellas que anida en su corazón y afirman:  “Qué otra cosa es la mujer sino un enemigo de la amistad, un castigo insoslayable, un mal necesario, una tentación natural, un peligro doméstico, una maldición de la naturaleza pintada con colores hermosos”. 

Cazadores. Sus impulsos, su deseo  les hace servirse de sus cualidades y astucia para conseguir esa “presa”, no por ello culpables, simplemente son cazadores y las mujeres sabemos sacar provecho de esa falta de dominio de sus instintos, por supuesto.   Lo molesto es esa posición que asumimos hombres y mujeres al juzgar la moral sexual de algunas mujeres por simplemente equipararse a la de los hombres, peor aún si se convierte en su medio de sustento. 

La madonna, pura, virginal e intocable como santa, permanece en lugar seguro y espera ser conquistada y formalizar sus amores con el caballero que los merezca. Las santas no experimentan placer pues su sexualidad se reduce a la función reproductora. No pueden disfrutar, no deben hacerlo, ni mucho menos expresar  gozo  porque ello está totalmente fuera de lugar y se considera vergonzoso. Esta es la mujer que permanece en casa y cuida de los hijos. Si trabaja es mucho mayor la carga. Como sea, es quien representa socialmente a su compañero y le da prestigio, por eso no tiene deslices.  

Por otro lado, según las creencias populares, son las prostitutas las que gozan, gimen, gritan, expresan con libertad su sexualidad. Qué manera mezquina de manejar a las mujeres y separar lo que debería ser complementario. Resulta bastante conveniente para machos temerosos de perder su hombría, pues se goza con las que no se quiere y así se evita mayor atadura, mientras se mantiene en control a la que espera sumisa.

La prostitución es consecuencia de la sociedad patriarcal, hipócrita y enferma en varios sentidos. La hay en diferentes modalidades y muchas son sus causas. Aunque es cierto que unas cuantas mujeres lo ejercen por gusto, debemos asumir que la mayoría de ellas se ven abocadas a ello por falta de recursos económicos, ausencia de valores, bajo nivel educativo, desintegración familiar, sentimientos de abandono e inferioridad o incapacidad de establecer relaciones satisfactorias y heterosexuales.

“Dama en la calle y puta en la cama”.  Este tradicional dicho es el ejemplo perfecto de esta ambivalencia. Es tal la desviación que hay que aclarar que la que goza no es puta, tan sólo es una mujer sana y completa, buena amante, y que no todas las prostitutas gozan, pues es un oficio.  Conozco  mujeres orgullosas de recitarlo para dar a entender que son desinhibidas y gozan su sexualidad sin darse cuenta que repiten y prolongan un viejo patrón misógino que en nada nos ayuda.

Siendo así las cosas, una mujer lo es todo y en ella se integran diversas características, todas ellas dignas. No se trata de ser más o menos santa, ni más o manos puta. Se trata de ser valiosas por el simple hecho de ser, lejos de cualquier clasificación que nos encasille y reduzca a cumplir un papel ante una sociedad machista y castrante.

“Yo soy la primera y la última. Yo soy la honrada y escarnecida.Soy la puta y la santa. Soy la esposa y la virgen. Soy la madre y la hija. .. Soy aquella cuya boda es grande y no ha tomado esposo. Soy conocimiento e ignorancia. Soy fuerza y soy temor. Soy necia y sabia. Yo no tengo Dios y soy una cuyo Dios es grande.” ²

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¹PEASE, Bárbara. Porqué los hombres no escuchan y las mujeres no entienden los mapas. Pg. 242

²”El Trueno, intelecto perfecto”. Manuscritos de Hammadi. Fragmento sobre la diosa.

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